thewriter | 07 Marzo, 2008 23:13
Llego a casa y lo primero que hago es tocarme pensando en Hillary, la mujer de mi amigo.
Recien la he conocido por primera vez esta noche, después de haber conversado un par de veces por telefono, y unas tantas veces mas chateado via mensajeria instantanea, es Hillary la mujer de mi mejor amigo Alonso. Habiamos acordado vernos esta noche con Alonso, mas no contaba que tambien acudiria a nuestro encuentro su chica: Hillary. Por eso me advierte que ira con ella, llamandome al celular – Hola, estoy llendo para alla, pero estoy llendo con ella, ok? – a lo que yo contesto – Esta bien, lo que tu digas, me parece una idea estupenda, asi podemos ir a comer algo por ahí – y Alonso – Ok, estoy llegando en un toque. Ahora estoy parado en la esquina de un conocido supermercado, aguardando la llegada de mi mejor amigo y de su chica, cuando de pronto me sorprende por detrás y Alonso me toca el hombro, y yo volteo asustado, y me saluda con unas sonrisa franca y sincera – Hola oye, no te dije que nos esperaras de este lado? - me regaña amicalmente, y yo – Si, lo se, disculpame me confundi - respondo torpe y nerviosamente, sin poder dejar de mirar y admirar a la chica tan guapa y deslumbrante que esta a su lado, y lo seguido que hace es presentarnos – Esta es Hillary, Hillary el es Diego - y yo me acerco timidamente y le doy un beso en la mejilla sonriendole como tonto y balbuceando – Mucho gusto - y ella – Mucho gusto, tambien – y yo – Hace mucho que queria conocerte - y ella – De verdad? Por que ah? – y yo – Por nada malo… de verdad eres muy bonita - Alcanzo a decirle y me delato torpemente ante mi amigo, quien advierte que no he dejado pasar la oportunidad de admirar y recorrer la belleza del rostro y el cuerpo de su chica. Ahora estamos caminando a ningun sitio los tres, y yo les sugiero ir a comer o tomar algo, y ellos me responden al unisono que no pueden, por que la mama de Hillary podria estar por alguna de estas calles malandras, y ella se opone rotundamente a la relacion que llevan este par de chicos locos, y yo insisto en ir aunque sea a tomar unos helados, y ellos por fin, cansados de mi insistencia aceptan; ahora estamos sentados en una mesa en la vereda de este local horrible que ofrece todo tipo de helados, jugos y sándwiches, y pedimos cada uno, una copa de helados con biscotelas, la señorita que atiende el lugar, nos pregunta de que sabores queremos la bolas de los helados, y Alonso se apresura en elegir, y Hillary lo mira con ganas a su man, pero tambien como pensando - Por que tienes que ser asi de maleducado y no me preguntas primero a mi que sabor prefiero? – la señorita le pregunta a Hillary de sabores desea las bolas de helados, y ella responde - lo mismo que el – mirando a Alonso – después me pregunta a mi, los sabores que quiero y yo le digo – Lo mismo que ellos dos - y la señorita de aspecto agradable, me sonrie dulcemente, y yo a ella tambien. Tomamos los helados conversando trivialidades, (arte en el que me considero muy capacitado) preguntandonos cosas sin sentido, recordando anectodas vergonzosas, y riendonos los tres, mas yo no puedo evitar mirar de rato en rato a Hillary, y tratar de adivinar los preciosos senos que quieren escaparse de esa diminuta blusa sin mangas, color negro que se ha puesto para esta noche propicia, sin saber que conocera al mejor amigo de su chico, no puedo evitar mirar de soslayo y escarbar con los ojos en esa minifalda negra tambien que permite asomar unas piernas macizas y torneadas, muy apetecibles, por eso tambien después de terminar los helados, vamos caminando ya de regreso a sus casas, y yo rezagandome a proposito pero disimuladamente, para poder admirar y desear ese trasero firme, y grande que ella cimbrea con mucha gracia y sabor. No puedo evitarlo, me gusta, deseo a la mujer de mi amigo, por eso llegando a casa me toco pensando en ella, evocando lo poco que me permitio ver esta noche de su bien delineado cuerpo a escondidas de la mirada desaprobatoria de Alonso, por eso Alonso después de despedirse, dejandome en el paradero del bus que tomare de regreso a casa, rodeo la pequeña cintura de Hillary y poso sus manos grandes, sobre las caderas matadoras de ella, como diciendome – Lo siento Dieguito, pero tu nunca vas a tener una mujer asi de bella como la mia, que se hace pues, el que puede, puede y el que no aplaude – mientras yo pienso, haciendoles adios, levantando la mano con una sonrisa de satisfacción – Yo se Alonsito, siempre tuviste buen gusto para las chicas, nunca te conoci una fea, y tienes razon, nunca tendre una chica tan bella entre mis brazos, como la adorable Hillary, que se muy bien que es tuya, pero no puedo evitar que me guste a rabiar, y al menos puedo secuestrarla virtualmente en mis noches de insomnio, y hacerla mia, poseerla de una manera brutal, como se talvez nunca lo harias tu, al menos me queda el consuelo de poder tocarme afiebradamente pensando en ella, mas al recobrar la cordura después de haber cedido a mis instintos primtivos y basicos, pensar en ustedes dos, y desearles lo mejor del mundo y mucha suerte en su relacion, buena suerte Alonsito, buena suerte dulce Hillary.minijuegos | 07/05/2008, 05:34
Muy buen relato, esto nos ha pasado a todos
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hola
Eduardo Rodríguez | 17/04/2008, 14:12
Hola The Writer, después de tiempo te leo. Como escribes tan espaciadamente y como yo también he venido haciéndolo últimamente.
Buen relato, muy bueno, siempre con esa melancolía que está impregnada en tus escritos. Muy bueno. Felicitaciones.