thewriter | 24 Abril, 2008 21:25
Son las 6 de la mañana, salgo de la cama y esta haciendo frio, los dias amanecen grises y nublados, me quiero quedar a dormir mas tiempo, mas recuerdo que la avenida Habich esta rota, estan construyendo un puente horrible y espantoso que en teoria aliviara el pesado trafico de todos los dias en la populosa y transitada Panamericana Norte, por eso al recordar el trabajo que el señor alcalde esta realizando en nuestra gloriosa ciudad, me despierto de un brinco e ingreso a la ducha raudamente, me doy un baño con agua fria, coño, que helada esta el agua, salgo disparado me seco y me visto rapidito nomas, pantalón oscuro, camisa clara, corbata oscura y zapatos negros de rigor, gel para el cabello, anteojitos de intelectual, listo al odioso trabajo. Me trepo a duras penas en un bus infestado de escolares insoportables, madres chillonas que llevan a sus hijos en manadas a los colegios (que ahora por ganar mas dinero, reciben a los niños desde los dos años de edad, yo nunca fui al jardín de niños y digo esto con mucho orgullo por que modestia aparte no lo necesite), los escolares llevan mochilas en los hombros mas grandes y pesadas que ellos, las viejas gritonas y pleitistas luchan contra los cobradores, y los esforzados trabajadores y empleados publicos y privados como yo, luchamos y tenemos que soportar estoicamente este bus cochambroso lleno de personas y sus olores, por que no todas las personas se han metido a la ducha como yo antes de salir de sus casas, y se han hechado colonita en el cuerpo y el rostro y desodorante en las axilas, no señor, estas personas irrespetuosas de los demas pasajeros, ni la boca se han lavado y sus axilas viejas enemigas del desodorantes, las levantan y exhiben con mucho descaro, e inundan el bus con sus olores asfixiantes, mientras yo juego a bucear sin agua, tratando de no respirar este horrible vaho. El bus avanza a una velocidad constante, y yo pienso que asi esta bien, que llegare a la hora justa al trabajo y me siento tranquilo, mas al llegar unas cuadras antes del bendito by pass en construccion de la avenida Habich, se detiene el bus bruscamente y es donde empieza esta horrible y en apariencia Interminable odisea que es el cruzar la avenida Habich, el ómnibus avanza a paso de tortuga, lentamente, recorre un metro por cada cinco minutos, es tedioso, fastidioso estar parado, sobre todo parado, y que el carro no avance, las personas empiezan a perder la paciencia, y le gritan un sinnúmero de cosas al chofer, empiezan dándole consejos (por que en ese momento todos se vuelven chóferes profesionales) - Por que no te abres a la izquierda?; Oiga maestro, metase a la derecha, pues; Mister y si agarra la pista auxiliar, no seria mejor?- El chofer los ignora con descaro, y sigue detrás de otro microbús lleno de gente como nosotros, que imagino estan igual de desesperados; de pronto los consejos quedan de lado, y empiezan los reproches – Oiga, avance pues!; Oye chofer, metete a la izquierda, o no sabes conducir; Avance carajo, que llegare tarde al trabajo!- dicen esto con rima, y el conductor los sigue ignorando con mucha tranquilidad, seguramente acostumbrado a recibir este tipo de halagos a diario, mientras en la radio a todo volumen suena: Aquel arbolito, donde esta escrito, tu nombre y el mio, tu nombre y el mio…, la radio esta congelada en una emisora que pasan cumbia, solo cumbia, y nada mas salvo cumbia, donde desfilan todas las bandas que por el momento son populares y famosas, como: Armonia 10, grupo 5, Nectar, Los Caribeños, (desde que empezo esta bendita obra de la avenida Habich me he vuelto un experto en cumbia, y en los grupos que tocan este carismatico genero musical, que por cierto le estoy cogiendo cierta simpatia); Las personas pierden el control y comienzan a patear el bus en sus paredes, y a golpear con fuerza el piso en son de protesta, las viejas colericas siguen gritandole insultos sin piedad al pobre y sacrificado chofer, los seudos yuppies les dicen: Oye serranazo, apaga tu radio horrorosa y maneja rapido pues, que llegare tarde a la chamba!, y le comentan al otro tipo que esta a su lado- Este indio de mierda, con las justas manejaba su llama en su puna y el conchudo se mete a manejar micro aquí en Lima, es una vaina man, una huevada. Yo solo atino a mirar y escuchar todo los que sucede a mi alrededor, y quedo extasiado, estoy al borde del desmayo, debido a la combinación peligrosa de calor humano, olores malsanos y el haberme despertado mas temprano que de costumbre. Por fin el micro esta a punto de culminar el trayecto en reparacion de la enorme Panamericana Norte y logra cruzar la avenida Habich, los animos se calman, el aire por fin entra por las pocas ventanas abiertas (por que a pesar de estar empapados de sudor y con colera las personas no son capaces de abrir las ventanas, joder), y yo respiro una bocanada de aire no puro mas bien contaminado con smock y humo negro que botan los otros micros, y ya me siento mejor, he perdido con el reloj en la mano, una hora exactamente, una hora de retraso para llegar a mi centro de labores, pero de todas maneras me siento mejor, casi la totalidad de la gente que llenaba este micro se bajan en la popular y peligrosa avenida Alfonso Ugarte, y por fin consigo sentarme, me desplomo en este haciendo inmundo de plastico viejo, tomo un poco de aire, saco el mp3 rendidor y trajinado que llevo en mi mochila negra, me saco los anteojitos de poeta maldito, y pongo al gran Andres Calamaro, y espero con calma la llegada al banco, sabiendo que llegare tarde de todas maneras, pero que se hace, asi es mi Lima sabrosa.
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